Publicado el: 2009-01-26

Museo del Buceo.


El oficio de bucear

Buzo y matricero autodidacta, Juan Weiss abrió un museo sobre la historia del deporte en el país; él la acompaña activo desde 1958, cuando había caza submarina.

MIGUEL BARDESIO

Juan Weiss empezó a bucear cuando las aguas de Punta Carretas permitían buena visibilidad y allí se sumergía. Hoy, que pasaron 51 años en tiempo y contaminación, Weiss sigue buceando pero reside en Playa Verde, donde tiene su taller y una especie de museo del buceo que ha abierto a los interesados en el deporte.

A los 79 años y muy activo, mantiene el oficio autodidacta en matricería, es decir, las matrices para fabricar cada pieza de un equipo de buceo: reguladores, máscaras, mordillos, patas de rana... todo ha sido creado artesanalmente por Weiss. De hecho, dos escuelas de buceo emplean su marca de reguladores.

"Empecé a bucear en el 58. Pero en aquellos años, era prohibitivo. Entonces me interesé por la matricería, como autodidacta, para hacerme las piezas del equipo", recuerda en su casa-museo-taller de Playa Verde, donde reside hace seis años.

A las "patadas", analizando otras piezas y con libros bajo el brazo, Weiss se sumergió en aquel oficio hasta que no hubo pieza de equipo que no haya creado. Hoy, aunque los egresados de escuela de buceo suelen terminar sus cursos e irse a otros países de agua más clara, mantiene igualmente una clientela y arregla problemas de los equipos.

Cada matriz, cada pieza de antaño tiene su lugar en el museo. Él va mostrándolo y explica: "Esta es la matriz de un mordillo, acá se prensa y se cocina la goma". "Y acá tenemos para hacer las cabezas de los arpones"... El lugar está flanqueado por cientos de fotos de buceo y una muy particular: la de un torneo de caza submarina realizado en 1954 en Punta del Este, donde aparece un joven Carlos Páez Vilaró. "Él ni debe saber que existe esta foto", acota Weiss.

La caza submarina está prácticamente en extinción en Uruguay, pero en los comienzos de Weiss, era común que algunos clubes organizaran torneos. Arpón en mano, los buzos cazaban a más de 10 metros de profundidad corvinas lisas y hasta tiburones pequeños; el que recolectaba más, triunfaba. Para más información, Páez Vilaró salió quinto en aquella competencia.

Otro torneo se denominaba "La búsqueda del cañón". "En aquella época había muchos restos de barcos y si bien cañones nunca encontramos, la gracia era sacar trozos de hierro, bronce", recuerda Weiss.

La recolección de mejillones también tenía su lugar. Con un salabardo (bolsa-red) y una especie de espátula, había que sumergirse unos 10 metros y raspar sobre las piedras.

"Hoy, los clubes aquellos no existen y todo está limitado a las escuelas de buceo. Allí, se enseña y luego, se van al exterior. Pero acá hay días de agua verde y clara, muy buena para bucear", asegura Weiss y añade que él mismo se lanza en Piriápolis en esos días "contados".

TIRARSE AL AGUA. Weiss está ahora jubilado, pero fue por más de 30 años conductor de Amdet, la empresa de los trolebuses. Como aquélla, la "conducción" en el buceo tiene también su ciencia o, según las palabras de Weiss: "no es tirarse al agua".

"Lo fundamental es equilibrar la presión a medida que se baja. O sea, ir tragando saliva y que se sienta ese chasquido en el oído. Si no se siente, es mejor subir e intentarlo de nuevo porque se puede perforar el tímpano", asegura.

El regulador de buceo es una pieza clave. Va desde el tanque a la boca del buzo y justamente controla la presión del oxígeno. Incluye un mordillo adicional por si algún colega queda con el tanque vacío.

Weiss fue también instructor de buceo porque fundó su propio club. Fue por el año 1965. "No había instructores en aquella época y yo los guiaba. Íbamos a distintos lugares de la costa. Punta Carretas era un buen lugar. Siempre donde hay piedras -en la arena no se ve nada- porque los peces se acercan para ir a comer", añade.

Weiss se define como un "acompañador de la historia" del buceo y es también un coleccionista: piezas, matrices, equipos, tanques de buceo, caretas, recortes de diario y fotos. Tiene tantas fotos ampliadas como murales que ya no le caben en las paredes del taller. "Algunos todavía están vivos", comenta en la recorrida por las imágenes.

Pero no sólo las aguas han cambiado. Los peces, según su opinión, están mucho más alertas de la pesca. En aquellas jornadas de caza submarina, "los peces nos miraban como bobos. Hoy están mucho más avivados. Como todo en la naturaleza, ha evolucionado".

Weiss también diseñó su propio modelo de arpón, que se acciona como ballesta, con un elástico que dispara la lanza. Está también colgado en el museo.


 

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